No he perdido nada, ya que nada tenía. Sólo que a veces lloro ese eterno hubiera que nos persigue a todos.
Ni mil vidas me bastarían para ver todo lo visible desde mi pequeña y modesta perspectiva, ni sentir todo lo que hubiera podido sentir; pero no puedo evitar mirar reflejos en espejos cóncavos y convexos de mis imaginaciones y sueños.
Lloro ahora esa posibilidad diáfana que se cuela entre las rendijas de mis ojos, y a veces hasta me envenena, poco a poco. Me invade esa duda del quizá.
Y es que está viva, la voy alimentando de suspiros rotos en medio de cada respiro dado a lo largo de horas desperdiciadas y días improductivos, de días azules depresivos de vivir en sueños, desperdiciando mi realidad dura pero cierta, en pos de un sueño sublime pero volátil.
Y aquí me despido, que me estrellé de repente con mi realidad, que el sueño es menos cierto de lo que me imaginaba, a pesar de ser alimentado de la realidad que le doy a cucharadas todos los días. Un collage de miradas de reojo, de poses, de lenguajes ocultos que parecían reveladores. Así que heme aquí, mal desencriptador de mi realidad, que he perdido por tratarse de un sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario