Hoy viendo la luna y fumando un cigarro que poco a poco me roba la vida, voy destilando odio, que realmente me quita vida.
Odio que no es odio, sino también es tristeza, por esa gran falta que no sé qué es. Una gran desazón y añoranza de no sé qué.
Siempre he tenido pocos amigos, y no me ha importado, ya que los poco que tengo son buenos amigos. Pero aún así, me entristece ver lo hipócrita que puede ser la gente. No busco más que respeto.
Soy capitalino, chilango para los provincianos. Ahí nací, en el DF. ¿Acaso importa? ¡¡Iros a la mierda idiotas!!
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